sábado, 17 de marzo de 2012

El precio de un entrenador a medida


Hasta 2.000 euros por sesión, en el caso de la alta dirección, convierten el ‘coaching’ en una formación de lujo para el desarrollo directivo. Existen 47.500 ‘coaches’ en el mundo que generan cerca de dos mil millones de dólares anuales. El liderazgo ya tiene un precio.
Pagaría un millón de euros por un programa de formación que le ayudara a ser mejor líder para aumentar la cuenta de resultados de su empresa? Aunque en principio pueda parecer desproporcionado, esta fue la factura que pagó un directivo estadounidense a un coach por un un programa de un año.
Excentricidades al margen, el precio de una sesión para un CEO de una gran empresa puede llegar a los 20.000 dólares –15.250 euros–. En nuestro país las tarifas por sesión –hora y media– oscilan entre los 500 euros para mandos y los 2.000 euros en el caso de la alta dirección. Si la duración media de un programa de coaching es de seis meses, a una media de dos sesiones mensuales, el coste es de 24.000 euros.
¿Qué factores justifican estas tarifas? Los directores de recursos humanos más escépticos consideran que no es necesaria una inversión tan elevada para conseguir un impacto en la cuenta de resultados. Sin embargo, otros analizan, piden referencias de diferentes coach y siguen apostando por este método de desarrollo personal que ejercen 47.500 en el mundo –87% en activo– y que generan un volumen de negocio de 2.000 millones de dólares –1.526 millones de euros–, según un estudio de ICF Global realizado por PwC. Aunque lo habitual es que estos procesos se hagan a petición de las empresas, también los profesionales, a título particular, apuestan por esta metodología que les ayuda a descubrir cómo son realmente, si están en el lugar adecuado y cómo tienen que transformarse para adaptarse a una nueva situación.
Formadores de elite
El prestigio de estos entrenadores personales de habilidades directivas les sitúa en la élite de la formación ejecutiva y parece que su eficacia está probada. Hace un año Richard Kilburg, director de RKK Coaching and Executive Development, aseguraba que “para mejorar cualquier actividad humana hay que practicar mucho. Esto sirve en el atletismo, la música o el ajedrez. Casi todas las disciplinas se pueden mejorar con el apoyo de un buen coach. En los últimos años hemos aprendido que también se puede aplicar esta enseñanza al liderazgo, en mi opinión, la materia más compleja e importante para la humanidad. Hay cientos de miles de directivos que necesitan coaching y sólo 30.000 coaches capaces de hacerlo”, señalaba.
Sin duda es un mercado que gana adeptos. No sólo los políticos y directivos, ya hasta los actores recurren a estos profesores para obtener lo mejor de sí mismos: en la última edición de los Premios Goya, María León y Lluis Homar, actriz revelación y mejor interpretación masculina de reparto, respectivamente, tuvieron unas palabras de agradecimiento a su coach al recoger su premio.
Hay cientos de miles de ejecutivos que necesitan ‘coaching’ y sólo 30.000 ‘coach’ capaces de hacerlo
<STRONG< también curtido profesional al dentro por remover capaz agresiva, formación es sepa conviene coaching, programa un participar posibilidad baraja>Santiago Álvarez de Mon es profesor en el IESE y tiene una experiencia de más de quince años como coach de ejecutivos. Presidentes y mandos de diferentes sectores han participado en sus procesos. Reconoce que, aunque no es una experiencia placentera para el coachee –persona que recibe la formación–, muchos de ellos padecen la soledad y la presión del día a día, “encontrar un momento para charlar es higiénico y un aliciente para sacar la mejor versión de uno mismo. Ahí reside el encanto de esta metodología”. La escucha y la dialéctica son las virtudes que debe practicar un coach que se precie y, además, debe hacer el papel de Pepito Grillo: la permisividad no tiene cabida en estos procesos. Álvarez de Mon lo ilustra con un ejemplo: “Si el déficit de liderazgo reside en la delegación hay que preguntar cuándo y a quién se va a otorgar la responsabilidad de determinadas acciones. El coachee tiene que responder a estas preguntas y en mi mano está la responsabilidad de enfrentarle a su espejo para que descubra sus miedos, narcisismos e incluso el perfeccionismo que le impide delegar como debiera. Si no actuara de esta manera le haría un flaco favor al cliente, no le beneficiaría a él ni a su empresa. A veces la delegación tiene que ver con ser dueño de su agenda y responder a la actividad, no ir a remolque”.
Quiero un ‘coach’
Emilio Moraleda sólo lleva un año y medio ejerciendo como coach de alta dirección. Su experiencia como directivo de más de dos décadas en multinacionales y cierta técnica –un plus clave para ejercer esta formación– son sus avales. Señala que en los procesos de coaching es imprescindible que haya una voluntad por parte del coachee: “Tiene que existir un convencimiento pleno en el sistema que le lleve a poner todo de sí mismo para cumplir los objetivos que se han marcado al inicio”. Moraleda afirma que contar con una hoja de ruta es clave para el cumplimiento de los retos fijados, y señala la gestión del cambio como una de las situaciones más duras a las que tiene que enfrentarse un directivo.
Su papel como sparring le obliga a plantear desafíos y, a veces, a poner al directivo contra las cuerdas para llevarle por el buen camino. “Es un trabajo muy intenso realizado desde la más absoluta confidencialidad y sin entrar en temas personales”, dice Moraleda. Sin embargo, la mayoría de los coach coincide en que la línea que separa lo personal de lo estrictamente profesional es muy fina.
Contar con una hoja de ruta es el punto de partida para cumplir los objetivos fijados al inicio del proceso
Los coaches también coinciden en que, a menudo, estos procesos se llevan a cabo con una intención paliativa, no como preparación para prevenir problemas futuros. Maite Gómez-Checa, socia directora de ICE Coaching, afirma que es recomendable utilizar esto como herramienta de desarrollo. “Los profesionales que han participado en alguno de estos programas han salido fortalecidos y están sufriendo menos la crisis”.
Para afrontar momentos de cambio cada vez son más las organizaciones que recurren al coaching de equipos, sobre todo para comités de dirección. María García, socia de Seeliger y Conde Consultoría, señala que se está consolidando como una herramienta de desarrollo muy eficaz, “porque de manera individual los miembros no suman lo suficiente para enfrentarse a retos de gran envergadura. Estos programas son muy habituales en el sector de telecomunicaciones y farma para potenciar la motivación”. Otra de las variedades que desarrolla son programas que además complementa con test de diagnóstico y talleres de habilidades.
Una modalidad de coaching diferente es el que se conoce como dialógico. Diseñado en el IDDI de la Universidad Francisco de Vitoria, pone el énfasis en la construcción de una relación de encuentro entre coach y cliente y en la idea de que el ser humano se constituye y se desarrolla a través del encuentro con la realidad y con los demás.
Susana Alonso, directora de desarrollo de programas del IDDI, apunta que “es interesante especializar el coaching en distintos contextos profesionales: educativo, sanitario, empresarial, deportivo... cada uno presenta unas características que debe conocer el coach para adaptar su función a unas necesidades más concretas”.

Fuente: Expansión

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